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«Vale, vale…»: la política en bucle y la epidemia del “vale”

Si la política fuera un programa de televisión, últimamente sería ese magacín donde el presentador dice “vale” cada cinco segundos mientras la cámara nunca mues...

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Comité de Análisis y Democracia Digital

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«Vale, vale…»: la política en bucle y la epidemia del “vale”

Si la política fuera un programa de televisión, últimamente sería ese magacín donde el presentador dice “vale” cada cinco segundos mientras la cámara nunca muestra nada nuevo. En vez de debates, tenemos gimnasia verbal: consignas, titulares y vacíos que se rellenan con la muletilla de moda —“vale”— como si una palabra por sí sola pudiera transformar un argumento en argumento válido.

El “vale” como anestesia dialéctica

El “vale” funciona impecablemente para:
  • Cerrar preguntas incómodas sin responderlas.
  • Reenfocar la conversación hacia un eslogan, una anécdota o una cifra repetida.
  • Crear falsa complicidad: “¿Estamos de acuerdo? — Vale.” (Nota: no lo estamos; solo hemos firmado con la palabra).
Es una palabra cómoda, neutra, amable: no compromete, no contradice y, sobre todo, no explica. En política, donde la claridad importaría, el “vale” actúa como un parche para la discusión.

Porque no es inocente: el valor estratégico del “vale”

Cuando un político otertiene el “vale” en su caja de herramientas discursiva, no lo hace por descuido. Lo hace porque:
  1. Desactiva el diálogo — sustituye razonamiento por asentimiento aparente.
  2. Mueve la agenda — pasa de un tema espinoso a otro más favorable sin argumentar.
  3. Normaliza la vaguedad — si todos dicen “vale”, nadie exige pruebas ni concreciones.
En lugar de dar datos, se ofrecen vales de sonido: promesas recicladas que suenan a compromiso sin serlo.

Pequeño sketch (versión reducida)

— ¿Cómo vas a reducir la desigualdad?
— Vale. Mira, lo que importa es el crecimiento.
— Sí, pero… ¿medidas concretas?
— Vale, vale, estamos trabajando. Lo esencial es que la gente confíe.
Traducción: escucha agradable, pero sin ficha sobre el tablero.

¿Qué proponemos? (sin decir “vale”)

  • Exigir preguntas cerradas con respuestas cerradas: cifras, plazos, responsables.
  • Traducir “vales” a compromisos firmes: si alguien dice “vale” ante una propuesta, que deje por escrito el qué, el cómo y el cuándo.
  • Reaprender a disentir educadamente: un debate sano necesita más “no estoy de acuerdo” y menos “vale” automático.

Cierre mordaz

El “vale” político es el equivalente lingüístico de un pulgar descansando sobre el mando a distancia: cómodo, evita esfuerzo y mantiene la pantalla cambiando sin que nadie pregunte qué estamos viendo. Si queremos política con sustancia, habrá que cambiar de canal —o al menos apagar los subtítulos automáticos y pedir el guion.

¿Te suena esto de algo? Deja un comentario con la frase más repetida que hayas oído en debates políticos —y prometo no responder con un vale. ;)

Etiquetas:#Kratox#Democracia
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